Te divorcias de tu pareja pero NUNCA de tus hijos. Mira cómo NO lastimar a tus hijos


Los matrimonios hoy en día atraviesan por distintos retos, muchos tratan de enfrentarlos y de conservar una bella relación con base en el amor y el respeto. Sin embargo hay ocasiones en que simplemente se han perdido las batallas, el amor se acaba y la vida matrimonial pierde todo sentido. 

Después de mucho pensarlo algunos matrimonios optan por poner punto final a la relación por medio del divorcio. Llegar a esta decisión no es nada fácil, mucho menos si se tienen hijos. Incluso hay parejas que postergan la separación o, peor aún, no se atreven dar ese paso por temor a que sus hijos se vean afectados, cuando en realidad el amor y la vida de pareja se han acabado, son dos extraños -y en algunos casos dos enemigos- viviendo bajo el mismo techo.




A pesar del gran esfuerzo que se hace para “seguir juntos por los niños” e independientemente de la edad de éstos, los hijos son muy perceptivos, ya que se encuentran conectados a sus padres, y no hacen falta las palabras para percibir que mamá y papá ya no se aman, esto en el caso de que la pareja sea disimulada. 

Tristemente el escenario más común es que para el matrimonio no sea fácil disimular, o se tiene la ingenua idea de que “son niños y se les olvida, no se dan cuenta”, y entonces exponen a sus hijos a constantes peleas, discusiones, indiferencia, gritos, que pueden llegar incluso a agresión verbal o física.


Las posibles consecuencias de vivir en ambientes así son diversas; pueden observarse a corto, mediano y largo plazo. Algunos niños viven con temor y experimentan ansiedad y/o tristeza profunda, por ver a sus padres disgustados. Esta ansiedad puede afectarles en su autoestima, rendimiento académico y desempeño social; unos llegan a creer que son los culpables de la situación en casa, o bien toman la responsabilidad de querer “arreglar a su familia”. Este es un peso inmenso que no debe cargar ningún menor. Otros experimentan todos estos sentimientos mas no son capaces de darles orden, es entonces cuando podemos ver a chicos catalogados como “problemáticos”.


A largo plazo, los conflictos manifestados en la infancia pueden agravarse. Además se pueden manifestar en una dificultad para establecer relaciones amorosas, pues por lo general las personas tomamos la idea de “amor” -inconscientemente- de la relación que apreciamos a lo largo de la vida entre nuestros padres. Sin darnos cuenta comenzamos a repetir patrones en nuestra vida adulta, por lo que si un niño fue testigo de una relación de pareja tormentosa, las probabilidades de que las suyas sean del mismo tipo son muy altas. Tiene la idea de que “eso” es amar y de que “así” se vive el amor, eso se establece como normal y aceptable.

Así que tomando en cuenta lo anterior, y aunque te resulte difícil de creer, para un niño es más saludable asimilar un divorcio pacífico que una vida en constante guerra, sea encubierta o a todas luces.


Si ya no amas a tu pareja lo mejor es cortar por lo sano, retirarse en paz. El proceso puede ser largo y tampoco será fácil, pero siente la tranquilidad de que el lazo que te une para con tus hijos jamás se romperá. El diálogo será tu mejor herramienta; explícale a tus pequeños que él o ella ya no es más tu pareja, pero que ambos siempre serán sus padres, y que le aman profundamente, y eso jamás se acabará.


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