“NO le pidan besos a mis hijos”. Mira por qué nunca debes obligar a tus hijos a besar a alguien


Desde pequeños nos inculcaron que debíamos saludar al llegar a un lugar o cuando alguien llegaba a donde estábamos. Seguro recordarás que tu madre te preguntaba: “¿Ya saludaste?”, o simplemente te animaba: “Ándale, no seas penoso”. El problema es que no sólo se volvía una enseñanza de cómo tratar a los invitados sino que, sin darte cuenta, te hacía aceptar cosas que no querías hacer y que al final te ponían en riesgo. 



Hoy quiero compartir ese tema contigo, para que tus hijos estén a salvo, pues ahora que se han dado a conocer más casos de abuso infantil tanto en niñas como en niños, una acción como ésta podría ayudarnos a prevenir en lugar de lamentar. 


Lo principal que debemos considerar es que para educar a los niños es necesario respetarlos primero, hacerles ver que son capaces de marcar sus propios límites. Por ello es importante reforzar su autoestima y enseñarles a decir “no” cuando estén ante una situación que represente peligro. Muchos padres consideran que es falta de respeto a los adultos si un pequeño se niega a dar besos o abrazos, pero en realidad están dando un poderoso mensaje que puede afectarle el resto de su vida, le están diciendo: “no importa si te incomoda, debes aceptar el contacto con otras personas”. ¿Has considerado por qué tu hijo no se siente cómodo con esa gente?  

Para plantear mejor la situación déjame preguntarte algo: ¿Te sientes obligado a saludar a un desconocido con un abrazo y un beso afectuosos? Supongo que tu respuesta será un rotundo “NO”. Entonces, ¿por qué forzamos a nuestros niños a hacerlo? Hay un estudio sobre el tema que llamó mucho mi atención. Estos son los cuestionamientos y puntos principales: 

1.- ¿Qué señal envías a tus hijos al no dejarlos decidir sus acciones?

Irene van der Zande, en su campaña “Kidpower Teenpower Fullpower International”, que anima a los pequeños a defender su cuerpo, comenta lo siguiente: “Cuando forzamos a los niños a someterse al afecto no deseado para evitar ofender a un familiar o lastimar los sentimientos de un amigo, les enseñamos que sus cuerpos en realidad no les pertenecen, que tienen que dejar a un lado sus propios sentimientos sobre lo que se siente bien para ellos”.

En otras palabras, enseñamos a los hijos que su cuerpo no es de ellos y que deben sacrificar su instinto para complacer a otros, lo cual puede ponerlos en situaciones muy peligrosas cuando están en un entorno desconocido. La psicóloga Vinka Jackson, autora del libro para niños “Mi Cuerpo es un Regalo”, indica que nuestra tarea como padres y adultos es enseñar al chico a protegerse y a exigir respeto a su espacio personal, pues no son una extensión de nosotros sino seres humanos frágiles a quienes debemos proteger. 


2.- Deja que tus hijos decidan cómo expresar su cariño

Una relación no puede ser forzada en ningún aspecto, incluyendo el afecto físico. Por ello es importante que respetemos a los niños y respaldemos su capacidad de tomar decisiones de acuerdo con su edad. 

Obligarlos a besar o abrazar a un adulto con quien no están cómodos, tiene un efecto sumamente negativo en su autoestima y crea conflictos emocionales sobre lo que debe o no permitir. Esto les manda una señal emocional para dar afecto en busca de aprobación o aceptación de otros. 

Prácticamente enseña a los hijos que cualquier figura con autoridad puede hacer uso de su cuerpo para satisfacer ciertas necesidades afectivas. Aunque suena exagerado, se comienza por poco; y así como hay personas que con buena intención buscan el afecto de lo menores, existen otras que tratan de abusar de ese poder para dañarlos. 

3.- Fortalecen su autoestima imponiendo límites

Los niños pasan por un proceso de aprendizaje en el que comienzan a relacionarse con los demás. Éste es necesario para que creen lazos afectivos con sus semejantes, ya sean familiares, amigos o compañeros de la escuela. Por ello es importante respetar la manera en que imponen sus propios límites, pues eso los prepara para tomar decisiones en un ambiente que no es del todo seguro. 

Hazle ver que es una persona capaz de decidir sobre su futuro y sobre su cuerpo, fortalece su autoestima con palabras como “tú decides”, “¿quieres abrazar a tu tía?”, siempre consultándole y ofreciéndole opciones como saludar de mano o simplemente decir “hola”. Con ello aprenderá que sus padres lo apoyan en su manera de relacionarse con los demás y fortalecerá su carácter. 

4.- Protección contra el abuso

No significa que los niños que son obligados a abrazar o a besar a sus familiares sean víctimas seguras de abuso, pero se puede crear cierta confusión en ellos, ya que algunos llegan a pensar que pueden ser utilizados para proporcionar amor o satisfacer lo que otros adultos le indican, creen que deben aceptar aquello que les incomoda. 

Un niño al que se le enseña a reprimir sus deseos es más propenso a sufrir una situación de abuso. La consejera de paternidad Jennifer Lehr dice al respecto: “El mensaje que un niño obtiene es que no sólo es su responsabilidad el estado emocional de otra persona, sino también que debe sacrificar su propio cuerpo para aumentar el ego de otro o para satisfacer sus deseos de amor o de afecto”.

Cuando un adulto impone y obliga a un niño a actuar contra su voluntad, lo hace vulnerable ante la presión de otros en el exterior. Este aprendizaje negativo puede repetirlo durante la adolescencia y marcarlo en la edad adulta. 


5.- Niños demasiado expresivos y cariñosos

Contrariamente a este caso, hay pequeños mucho más efusivos y que demuestran su cariño de manera más abierta. Tampoco es necesario alarmarse. Asimismo debemos aprender a respetar cómo expresan sus sentimientos y su amor hacia su familia. 

Sólo hay que tener más cuidado y enseñarle que hay situaciones que pueden ponerlo en peligro, las cuales debe evitar mostrando autorrespeto y enseñando lo valioso que es guardar el espacio personal. 


Recuerda que nuestra responsabilidad es mantener a los niños a salvo, y eso lo podemos lograr apoyando sus decisiones desde temprana edad. No te preocupes por el qué dirán, antes que todo está la seguridad de ellos.

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