Mira cómo perdonar lo imperdonable. No mereces cargar odio ni rencor en tu corazón


Perdonar no es sencillo. Aferrarse al dolor que causa una ofensa puede llegar a ser tan adictivo como cualquier sustancia prohibida. Hoy en día la gente prefiere vivir con rencores, en vez de sanar las heridas y aceptar el arrepentimiento de quien le ha lastimado; no tomamos en cuenta que quedarnos atrapados en ese mundo de odio nos vuelve prisioneros del pasado y no nos permite avanzar. 

No abraces el dolor como un castigo. Déjalo fluir, acéptalo como parte de ti, como un aprendizaje que has adquirido. Quizá no es la mejor experiencia, pero finalmente ha cumplido un propósito: enseñarte algo. 


Para perdonar a los demás es necesario hacerlo contigo mismo. A continuación te compartiré algunas estrategias que pueden serte muy útiles. Con paciencia y mucha voluntad estarás listo para la prueba más grande de amor, que es perdonar a quien te ha hecho daño.  



Para perdonarte a ti mismo

1. Acepta lo que te ha hecho daño


A veces para protegernos queremos olvidar el pasado, enterrarlo y suprimir nuestros sentimientos. Pero lo mejor es enfrentar esos miedos, aceptar que cometimos errores, que hemos lastimado a alguien, y armarnos de valor para pedirle perdón. Cientos de personas suelen alejarse por temor a no ser perdonadas pero ni siquiera lo intentan. ¿Y todo por qué?, por no ser capaces de aceptar lo ocurrido. No pierdas a tus seres queridos por una equivocación. Perdónate primero y te liberarás de esa cárcel que te tiene atrapado. 

2. No tengas miedo a no ser perfecto


El temor al rechazo y el miedo a equivocarnos en ocasiones nos vuelven víctimas de los errores. Siempre exigimos más de nosotros mismos que de los demás; lejos de ser empáticos y conscientes de esas fallas nos convertimos en nuestros verdugos, nos culpamos y nos sentimos indignos de ser perdonados. ¡No pienses más de esa manera! Nadie es perfecto, así que debes dejar de juzgarte tan duramente. 

3. Acepta tus responsabilidades sin pensar que es tu culpa


Debes escuchar tus emociones; aunque duela, es necesario aceptar los hechos. No te encierres en tu propio mundo, acepta tus responsabilidades, piensa en la persona a la que has dañado; la mayoría de las veces eres tú. ¿Cómo te dañas a ti mismo? Cuando te juzgas, cuando fuiste engañado y confiaste de manera ingenua en alguien, o cuando decidiste amar a quien jamás te demostró lo mismo. ¿Pero para qué te culpas? Perdónate, aceptando la responsabilidad de lo ocurrido, y te habrás quitado un gran peso de encima. 

4. Ámate, perdónate e inténtalo de nuevo


La compasión y la empatía contigo son aún más necesarias que las que sientes por los demás. Demuéstrate ese amor que has tenido a tu familia, a tus amigos y a tu pareja, porque tú eres la persona a quien debes amar sobre todas las cosas. Perdonarte te permitirá avanzar, te ayudará a conocerte más y a reflexionar sobre el aprendizaje que has adquirido después de una amarga experiencia. Si no te perdonas tú mismo no perdonarás con sinceridad a los demás. 

Para perdonar a otros 

1. Exprésale a esa persona lo que te hizo sentir


Antes de perdonar es necesario comprender que la ofensa tendrá solamente el efecto que le demos. No otorgues a otros el poder de influir en tus emociones; pero si quien te lastima es cercano a ti, ten el valor de enfrentarlo y decirle cómo te ha hecho sentir. Hablar de lo que nos hiere es complicado, pero necesario para liberar el alma del pesar que siente por la conducta de los demás. 

2. No te dejes llevar por el ego


Pensamos equivocadamente que negar el perdón a alguien es su castigo, y no debemos condicionarlo: se da completo o no se da en absoluto. Sin embargo, atarse al rencor es dañino para ti, te hará sentir soledad y amargura, te quitará energía y te impedirá liberar tu alma. No confundas la soberbia con el rencor y el dolor, tampoco con la indignación, pues si no liberas las emociones negativas, si no aceptas con humildad las disculpas del otro, vivirás en una prisión donde el sufrimiento será tu única compañía. Perdona, pero hazlo por ti y para liberar tu espíritu. 

3. Perdonar es liberarte


En ocasiones pensamos que tener la razón es necesario para ser feliz, pero debemos aprender a perdonar para darnos cuenta que es más valioso vivir con paz y tranquilidad interna, que atrapados en el coraje y “dando una lección” a quien nos hizo daño. Para perdonar debes enfrentar el dolor, vivir tu duelo, porque por causa de una traición se pierden muchas cosas: la confianza, el amor, la ilusión y, en ocasiones hasta la esperanza. Date la oportunidad de sentir, reflexionar y perdonar.

4. Deja ir el pasado para abrazar el futuro


Perdonar es una nueva oportunidad, para ti y para quien te ha herido. Detrás del dolor existe una prueba para ambos y sólo podrán superarla mediante el perdón, el diálogo y la liberación. La única manera de sanar las heridas es perdonando; hazlo por ti y por un nuevo futuro. 

El dolor no se puede cambiar, simplemente hay que aceptarlo y renovar el vínculo que te ha unido a esa persona. Considera que a veces los errores son necesarios para que ocurran cambios importantes en nuestra vida.

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