10 cosas que aprendí cuando dejé de gritarle a mis hijos. Tendrás una familia más unida y feliz


Oscar Wilde dijo: “El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”. Cuando entendamos que es más fácil prevenir el dolor de un pequeño que remediar el daño luego de lastimarlo, ese día el mundo tendrá criaturas dichosas, por eso hay que empezar en casa y hacer de nuestros hijos, niños felices. 



Educar a los menores es trabajo complicado, con cierto grado de dificultad. Muchas veces por más que tratamos de llamarles la atención de manera firme pero tranquila, desesperamos y recurrimos a los gritos, como si alzar la voz nos hiciera más fuertes o mejores. 




Cuando gritas a un niño, lejos de verte como una figura de autoridad a la que respeta, te ve como una persona que lo lastima y lo ridiculiza. Dudo mucho que esa sea la imagen que quieras tener ante tu hijo. 

Hay soluciones más constructivas para educar, que los ayudarán a mantener su autoestima fuerte y a ser seguros de sí mismos. Alzar la voz por lo general es consecuencia de un momento de ira o de frustración del adulto. Aprende a reconocer los “síntomas” de tu ira, canalízala en otras cosas, respira profundo y, si es necesario, aléjate un momento y con calma analiza lo ocurrido. 


Quiero ver una sociedad llena de niños felices, quiero que disfruten su infancia y que aprendan a ser adultos dichosos también, por eso te comparto las 10 cosas que aprendió una madre cuando dejó de gritarle a sus hijos. Comenzó un poderoso reto llamado “Desafío Rinoceronte Naranja”, y sin duda es una historia que ha inspirado a muchos padres. Esto fue lo que esta madre de cuatro hijos compartió con mucho entusiasmo: 

1. Gritar es destructivo. 

Cuando gritas a un niño no sólo estás lastimándolo en ese momento: estás dañando su autoestima y fracturando la confianza que tiene en ti. La mejor forma de enseñar a un hijo es con palabras, sin gritos, ni golpes, pues la agresión sólo crea acusaciones futuras y reclamos dolorosos que siempre terminan en distanciamiento entre padres e hijos. 


2. Tú eres el mejor ejemplo de tus hijos 

Muchos padres se sienten avergonzados y descubiertos cuando otro adulto los sorprende gritando a sus hijos, pero si están solos con ellos la desesperación y la impaciencia suelen ser mayores. Lo ideal es siempre ver a los pequeños como el público más exigente, como esas personas que van a aprender todo lo que ven de ti. ¡Porque ellos crecerán a tu imagen y semejanza! Recuerda: eres su mejor ejemplo.


3. También los niños tienen días malos 

Vivir sin gritos te hará ver que muchas veces el comportamiento de los niños no es por berrinche. Ellos también pueden tener días malos, como cualquier persona, pues en esa etapa hay retos y problemas que los atormentan y contra los que deben luchar a diario. 

4. La paciencia es fundamental  

Recuerda que ellos siguen aprendiendo, están en una etapa temprana de su vida y no puedes hacer nada para controlar sus impulsos de explorar y experimentar, pero sí moderar tus actitudes y tus reacciones ante situaciones difíciles. Tómate una dosis de paciencia diario al despertar, y piensa que es una etapa de su vida que pronto pasará, pero él nunca dejará de ser tu hijo. 


5. Los gritos crean niños inseguros

Gritar es un comportamiento egoísta, pues aparentemente es sencillo alzar la voz y hacerse notar ante el mal comportamiento de los niños, el problema es que eso realmente no funciona, sino que propicia un descontrol en la situación. Los niños no “ponen atención” por los gritos, sólo se paralizan por el tono de voz intimidatorio y eso hará que fallen al tratar de cumplir las tareas asignadas por los padres, lo cual le provocará frustración e inseguridad. 

6. Analiza 

Podemos perder mucho si gritamos a nuestros hijos. En ocasiones ves que hacen algo mal y les gritas, pero no te detienes a revisar si fue su intención; probablemente se trató de un accidente. Recuerda que es un niño y está en proceso de aprendizaje, no ahogues con gritos sus ganas de ser independiente.


7. Padres tolerantes y amorosos 

No gritar es sumamente satisfactorio, ya que nos da las armas para convertirnos en padres tolerantes y amorosos, personas dignas de la confianza de los hijos, reforzando el propósito de ser una familia. 

8. Los gritos sólo son pretexto 

A veces pensamos que los niños y sus conductas o malos comportamientos son el detonante de los gritos, sin embargo es sólo un pretexto para desquitar el coraje contra otra persona (puede ser el esposo, el jefe, los padres...). Hay que aprender a canalizar ese odio hacia una actividad constructiva, a ser capaces de cargar nuestro coraje contra los hijos; es un gran paso para dejar de lado esta conducta destructiva. 

9. El coraje proviene del interior 

El coraje muchas veces no proviene del exterior, sino del interior; puede ser disgusto con uno mismo. Aprende a identificar de dónde provienen tus emociones antes de canalizarlas hacia tus hijos. 

10. Pensar antes de actuar 

Dejar de gritar no es fácil, pero sí se puede. Hay muchas maneras de hacerlo, sólo recuerda que lo más importante es siempre tener en mente el objetivo, y luchar contra esos impulsos que lastiman la relación con tus hijos. Una actitud positiva, actuar asertivamente y pensar antes de actuar, son la clave para que la armonía y la felicidad nunca abandonen tu hogar. 


Espero que estas claves para dejar de gritar te sirvan para ayudar al mundo a crear niños con menos inseguridad y con más felicidad. Si los niños son felices hoy, construirán un mejor mundo mañana. 

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