10 cosas que aprendí cuando dejé de gritarle a mis hijos. Tendrás una familia más unida y feliz


¿Le has gritado a tus hijos? Admito que yo también lo he hecho en algunas ocasiones, como cuando me enojé por alguna de sus travesuras, porque no entendían que dejaran de hacer algo que molestaba a quienes estábamos en el lugar o simplemente, cuando tuve un mal día de trabajo y no quería lidiar con su gran energía. 

Seguro te identificaste con alguna de esas situaciones. ¿Sabes?, esa no es la manera correcta de tratar a un niño. Sé que como llamada de atención puede ser fácil alzar la voz, pero cuando los gritos se convierten en cosa del diario, lastimamos la autoestima de nuestros hijos y, aunque no lo creas, ellos recuerdan esas heridas toda la vida.  



Te quiero compartir estos aprendizajes de una madre que decidió dejar atrás este mal hábito por 365 días, con un poderoso reto llamado “Desafío Rinoceronte Naranja”. Sin duda es una historia que me ha inspirado, y espero que haga lo mismo con los padres que tienen este problema en el hogar. 



El reto tiene ese nombre porque fue creado por una madre de familia de Estados Unidos, que prefirió dedicarse al hogar para cuidar lo mejor posible a sus cuatro hijos. En una página de internet compartía sus experiencias. La página se llamaba “El Rinoceronte Naranja”. La clave del desafío estuvo en que daba más importancia a lo que sus hijos pensaban de ella, que a lo que opinaban los demás. 

Esto fue lo que compartió con mucho entusiasmo después de crear y cumplir el reto:

1. Gritar es destructivo.


Cuando gritas a un niño no sólo  estás lastimándolo en ese momento, dañas su autoestima y fracturas la confianza que tiene en ti. La mejor forma de enseñarle es con palabras, sin gritos ni golpes, pues la agresión sólo crea acusaciones futuras y reclamos dolorosos que siempre terminan en distanciamiento entre padres e hijos. 

2. Tú eres el mejor ejemplo de tus hijos


Muchos padres se avergϋenzan si otro adulto los descubre gritándole a sus hijos, pero estando únicamente con ellos, la desesperación y la impaciencia suelen ser mayores. Lo ideal es siempre ver a los pequeños como el público más exigente, como esas personas que van a aprender todo lo que ven. ¡Ellos crecerán a tu imagen y semejanza! Recuerda: tú eres su mejor ejemplo.

3.También los niños tienen días malos


Vivir sin gritos te hará ver que en realidad muchas veces el comportamiento de los pequeños no es por berrinches, sino que ellos tienen días malos, como cualquiera. De acuerdo con la etapa que están viviendo, hay retos y problemas que los atormentan y contra los que deben luchar a diario. Es algo que puedes notar cuando tienes paciencia para ver más allá del coraje momentáneo. 

4. La paciencia es fundamental


Algo importante, que se debe implementar siempre, es controlar los impulsos, el coraje, y sustituir esa negatividad con pensamientos asertivos, reflexión y, sobre todo, paciencia, la cual es fundamental para educar a los hijos. Recuerda que ellos aún siguen aprendiendo, están en una temprana etapa de sus vidas y no puedes hacer nada para controlar sus impulsos de explorar y experimentar, pero sí moderar tus actitudes y reacciones ante las situaciones difíciles. 

5. Los gritos crean niños inseguros


Gritar es un comportamiento egoísta. En apariencia es sencillo gritar y hacerse notar ante la mala conducta de los pequeños, el problema es que eso no funciona, sino que propicia un descontrol en la situación. Los niños no “ponen atención” por los gritos, simplemente se paralizan ante el tono de voz intimidante y eso hará que fallen al tratar de cumplir las tareas asignadas por los padres, lo cual provocará frustración e inseguridad. 

6. Analiza


Podemos perder mucho si gritamos a nuestro hijo. Algunas veces vemos que derrama la leche sobre la mesa, pero al darnos cuenta del porqué, descubrimos que no lo hizo con esa intención, ¿verdad? Pudo ser porque quería ayudar a su hermano menor a servirla, o quizá busca hacer más cosas por sí mismo para evitar molestarte. Trata de enfocarte en esa cuestión en vez de regañarlo y recurrir a los gritos, recuerda que es un niño y aún está en proceso de aprendizaje, no ahogues con gritos sus ganas de ser independiente.

7. Padres tolerantes y amorosos


No gritar resulta sumamente satisfactorio, ya que nos da las armas para convertirnos en padres tolerantes y amorosos, personas dignas de la confianza de los hijos, reforzando el propósito de ser una familia. 

8. Los gritos sólo son un pretexto


Quizá pensamos que los niños y sus conductas o malos comportamientos son el detonante de los gritos, pero muchas veces es sólo un pretexto para desquitar el coraje con otra persona (puede ser el esposo, el jefe, los padres) y hay que aprender a canalizarlo hacia una actividad constructiva, a ser conscientes de que somos capaces de cargar nuestro coraje contra los hijos. Es un gran paso para dejar de lado esa conducta destructiva. 

9. El coraje proviene del interior


Con frecuencia el coraje no proviene del exterior sino del interior. Puede ser disgusto con uno mismo por el descuido de la apariencia, por la falta de actividades recreativas o por hacer a un lado a las amistades. Podemos fácilmente cambiar eso vigilando nuestra salud, ejercitando nuestro cuerpo y dedicando un poco de tiempo a retomar contacto con los amigos. Es decir, cuidando los aspectos físicos y emocionales. Es un cambio muy simple que da como resultado una conducta positiva hacia los hijos.

10. Pensar antes de actuar


Dejar de gritar no es fácil pero sí se puede, hay muchas maneras de hacerlo. Recuerda que lo más importante es siempre tener en mente el objetivo y luchar contra los impulsos que lastiman la relación con los hijos. Una actitud positiva, actuar asertivamente y pensar antes, es clave para que la armonía y la felicidad jamás abandonen tu hogar. Cuando sientas que la ira o el coraje te quieren controlar, tómate unos minutos para ordenar tus ideas y te sentirás mejor.

Esto de evitar los gritos puedes aplicarlo en todas las áreas de tu vida, simplemente controla tus emociones negativas y verás que todas tus relaciones fluyen de manera sana; si sumas todo aumentarán las razones para ser feliz.

No olvides compartirme tus opiniones y experiencias en la sección de comentarios.

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