Estaba apunto de morir y un ángel se le apareció. “Dios me mandó a decirte esto…”


Somos muy buenos para juzgar, para criticar y para señalar los errores de quienes nos rodean, pero cuando se trata de ver nuestras fallas nos volvemos ciegos por la soberbia y nos mostramos ante los demás como seres perfectos. Debemos tener la humildad suficiente para aceptar que por nuestra condición humana e imperfecta, también herimos y dañamos a quienes amamos. 

Ninguna persona está libre de cometer equivocaciones, sin embargo debemos trabajar en la humildad y la sencillez para reconocer que nuestras acciones tienen terribles consecuencias en nuestra relación. ¿Alguna vez sientes que tu pareja te ha decepcionado? Seguramente en muchas ocasiones te has sentido traicionado, o piensas que por culpa del otro han dejado pasar oportunidades o se ha vuelto más difícil la convivencia en el hogar. 

Antes de culpar de todo al otro considera que una relación se basa en el apoyo mutuo y el trabajo en equipo, por ello quiero compartirte esta bella reflexión: 



Era un matrimonio como cualquiera, un hombre y una mujer que después de amarse con locura, de conocerse a profundidad, decidieron unir sus vidas. Sin embargo después de los hijos, los años de convivencia y los problemas no resueltos, la relación se había deteriorado tanto que apenas se dirigían la palabra. 

El amor se había enfriado con los años, ya no había caricias ni besos, ya ni siquiera compartían la cama. Él dormía en el sofá y ella en la habitación donde alguna vez las sábanas fueron testigos de su calor como pareja. Un día ocurrió algo inesperado: la esposa sufrió un paro cardíaco, inmediatamente la llevaron al hospital pero todo parecía perdido.


Estaba a punto de morir cuando un ángel se apareció ante ella y le dijo con voz suave y muy despacio lo siguiente: ¨En el cielo han evaluado tus acciones buenas y malas, tus errores han sido tantos que si mueres ahora no podrás ir allá; Dios te ha permitido quedarte en este mundo unos días más, para que puedas cambiar tu destino; debes actuar con bondad y enmendar tus errores, de esa manera podrás entrar al paraíso y descansar por toda la eternidad¨.


Ella se recuperó un poco y pudo volver a casa; al llegar vio a su esposo, quien se alistaba para ir a trabajar: planchaba su camisa, preparó un almuerzo improvisado y salió, sin dirigirle la palabra. ¨¿Será que debo hacer las paces con este hombre? Quizá debo intentarlo¨, pensó. Tenía años sin cocinar nada para él, sólo se dedicaba a sus hijos, y decidió esta vez hacer las cosas de forma distinta. Quería sorprenderlo, así que lavó y planchó toda la ropa de su esposo y la colgó cuidadosamente. Preparó una deliciosa cena, arregló la mesa con flores, velas y servilletas elegantes, que sólo utilizaban en ocasiones especiales. 

En el sillón donde el hombre dormía dejo una pequeña carta que decía lo siguiente: “Creo que puedes estar más cómodo durmiendo en la que fue nuestra cama. Esa misma que nos vio concebir a nuestros hijos, donde el amor y los abrazos eran cálidos y confortables; donde los temores desaparecían al encontrarse nuestros cuerpos, porque siempre que estábamos juntos podíamos sentir la compañía y la protección del otro. Ese amor aún con vida, nos espera en esa cama. Si puedes perdonar todos mis errores, allí nos encontraremos.”


Al terminar de escribir comenzó a dudar, y pensó: “¿Acaso me he vuelto loca? Si fue su culpa todo lo que ha pasado, ¿en qué me he equivocado? Fue a él a quien corrieron del trabajo en la fábrica y tardó meses en encontrar uno nuevo, por su culpa tuve que tomar nuestros ahorros de toda la vida sólo para sobrevivir, todo porque quería dedicarse a la pintura. Fue su maldito vicio de la bebida lo que comenzó a destruir a esta familia, por eso le prohibí entrar a nuestra habitación. Él fue quien arruinó todo, porque no fue capaz de hacer las cosas bien desde un inicio. ¿Por qué debo pedirle perdón?”

Rompió la carta y la quemó, tal como había hecho con cientos de cartas que años atrás su esposo había escrito para ella. De repente escuchó en su cabeza la voz del ángel que la visitó en el hospital, quien le dijo: “Recuerda, sólo con buenas acciones podrás encontrar el descanso eterno”. Pensó un largo rato y comenzó a escribir de nuevo, pero esta vez agregó algunas palabras: 


“No supe comprender nada en aquel tiempo, debió ser difícil para ti, después de tantos años con un salario seguro en esa fábrica y perderlo todo de repente, seguro sentiste todo el peso en tus hombros. Recuerdo que no dejabas de imaginar todo lo que haríamos cuando te jubilaras, todo lo que amabas hacer, pintar, viajar y dedicarnos únicamente a ser felices. Yo pude haberte ayudado, pude impulsarte a mejorar pero decidí cortar tus alas. Estaba tan desesperada y tan enfocada en mis miedos que no consideré los tuyos; no supe ver tu sufrimiento, tu dolor ni tus deseos. Por favor, perdóname, mi amor. Te prometo que de ahora en adelante, todo será diferente. Nunca he dejado de amarte. -Tu esposa.” 

Cuando el esposo llegó del trabajo notó algo distinto en el hogar, había un delicioso olor a comida, la mesa lucía distinta, más alegre, y al acercarse al sofá abrió la carta dirigida a él. Con lágrimas en los ojos corrió a buscar a su mujer y la besó con ternura, la tomó en sus brazos y juntos fueron a la habitación donde toda su historia comenzó. Después bajaron a comer la maravillosa cena que ella con tanto amor había preparado. Al terminar ambos se pusieron a limpiar los platos y ella alcanzó a ver en el jardín una silueta conocida, era el ángel que la había visitado anteriormente. 


La mujer salió y se puso de rodillas mientras suplicaba que le diera un poco más de tiempo: “¡Por favor!, no quiero que este hombre se quede solo hoy. Necesito ayudarlo, impulsarlo para que logre todas sus metas, que pueda pintar y ser feliz antes de que me vaya para siempre. Sólo un poco de tiempo y después me puedes llevar a donde el destino me espera”. El ángel, conmovido, contestó: “No tengo que llevarte a ninguna parte, mujer, porque ya estás en el cielo, te lo has ganado. Recuerda el infierno donde has vivido y nunca olvides que el cielo está al alcance de tu mano”. 


El ángel desapareció mientras su esposo le gritaba desde la cocina “Amor, hace frío, vamos a la cama que ya es hora de dormir, mañana será otro día”. Ella alzó la vista hacia el cielo estrellado y dijo: “Sí, gracias a Dios, mañana será otro día”.  

Concentremos nuestra atención en lo que es realmente importante, no dejemos que el coraje, el orgullo y la falta de humildad nos vuelvan ciegos ante nuestros errores. No reclames por lo que no recibes, piensa antes en lo que te falta dar, porque el cambio comienza desde el interior. No te conviertas en víctima del sufrimiento porque tú también has hecho sufrir a otros. Recuerda que antes de criticar debes ver en tu interior, de nada sirve exigir a los demás si no te exiges a ti mismo primero. 


Vive al máximo, ama con entrega y disfruta este día como si fuera el último, porque el pasado es doloroso y el futuro incierto, lo único que nos queda es el ahora.  
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